Tierry Deronne: ”La revuelta que está teniendo lugar en Estados Unidos es la misma que encuentra la resistencia del pueblo venezolano”

Publié le par Mohsen Abdelmoumen

Thierry Deronne. DR.

Thierry Deronne. DR.

Mohsen Abdelmoumen: ¿Cuál es la situación actual en Venezuela?

Thierry Deronne: Los problemas diarios derivados del bloqueo y sabotajes estadounidenses, como la falta de agua, gas, electricidad, gasolina, o los precios de guerra de un sector predominante, los cuáles han reducido brutalmente el poder adquisitivo, no han causado la revuelta popular que los Estados Unidos esperaban. Por una parte, porque el gobierno continúa esquivando las sanciones y proporciona ayudas y comida a bajos precios. Por otra parte, porque la población venezolana ha aprendido a resistir durante los últimos seis años; los ciudadanos se ayudan unos a otros y se adaptan rápidamente. El tratamiento de la pandemia, que ha incluido una iniciativa gigantesca de testeo gratuito y a domicilio, la repatriación gratuita de decenas de miles de venezolanos atrapados por el brote del virus en regímenes neoliberales vecinos, reafirman la voluntad política del gobierno de proteger la población. Al fin, la cooperación de “dos tercios del mundo” soñada por Simón Bolívar se hace realidad. El bloqueo estadounidense de las refinerías exteriores venezolanas y de la importación de aditivos para producir localmente, ha privado a Venezuela de gasolina. Cinco tanques enviados por Irán han conseguido romper el bloqueo euro-estadounidense. Amenazados por la administración Trump y escoltados por el ejército Bolivariano tan pronto como llegaron a aguas venezolanas, estos barcos trajeron reservas de petróleo para dos semanas y aditivos para continuar la producción localmente. Esta victoria en las narices de la larga guerra económica – que empezó en 2013 y se ha reforzado durante la pandemia – es una esperanza para muchos países que están sufriendo las “sanciones” – medidas coercitivas unilaterales – de Occidente.

Hemos sabido que el 3 de mayo hubo una operación llamada “Operación Gedeón” que consistía en secuestrar o asesinar al Presidente Nicolás Maduro y diversos miembros de su gobierno. ¿Qué nos puede decir sobre esto?

Después de la muerte del Presidente Hugo Chávez y las elección de Nicolás Maduro como Presidente en 2013, en un contexto de caída de los precios del crudo, Estados Unidos creyó que había llegado la hora de aniquilar la Revolución Bolivariana y eliminar su influencia en América Latina. Una era de desestabilización violenta sin precedentes había comenzado con el objetivo de cambiar el “régimen” mediante el asesinato del gobierno elegido y sus simpatizantes. El suceso de 2020 comenzó con la acusación por parte de William Barr, un Republicano muy de derechas, nombrado Fiscal General por Donald Trump, de Nicolás Maduro como “narcoterrorista” por “tráfico de drogas y asociación durante los últimos veinte años con las FARC” y el anuncio de una recompensa de 15 millones de dólares por su cabeza para localizarlo o capturarlo.

La incursión paramilitar del 3 de mayo fue preparada sobre el terreno por las habituales operaciones de la “narrativa del caos”: enfrentamientos con armas pesadas en los bajos fondos del barrio de Petare controlado por los colombianos en el este de Caracas y escasez de petróleo planificada por Estados Unidos. El 29 de abril, Lorenzo Mendoza – jefe del gigante alimentario privado POLAR – encolerizado por la determinación del gobierno a controlar los precios, exigió, a través del WhatsApp de la patronal venezolana, “una intervención militar para asesinar a Maduro”. El 30 de abril, Elliott Abrams, el “oficial para Venezuela” de Donald Trump, implicado en crímenes de guerra contra la humanidad en América Central en los ’80, declaró, como Mike Pompeo, que “la transición en Venezuela estaba cerca” y que “la embajada estadounidense en Venezuela reabriría próximamente”.

Las investigaciones después del fracaso de este nuevo golpe contra el gobierno Bolivariano, sin embargo, dejan pocas dudas acerca de la participación del gobierno colombiano de Iván Duque y sus aliados cercanos que confiaron en los grandes cárteles de la droga y las mafias paramilitares para llevar a cabo la operación. El gobierno colombiano, incluso, ha declarado oficialmente que castigará a los soldados de sus propias fuerzas armadas responsables de las filtraciones en los campos de entrenamiento montados en su propio territorio.

La prensa oficial primero trató de esconder la incursión paramilitar, o la ridiculizó entrecomillándola. Hasta el Washington Post publicó online el contrato firmado para este fin con su querido “opositor democrático” Juan Guaidó y Juan José Rendon, asesor cercano a Álvaro Uribe e Iván Duque. El documento del plan, de 42 páginas, detalla al milímetro la incursión paramilitar en una cabeza de playa y el asesinato de Nicolás Maduro, los principales líderes del chavismo, así como de los líderes de organizaciones populares a modo de un preludio de una invasión pesada á la Libia o Panamá y una política del terror, al estilo colombiano, para extirpar la base social del chavismo y restituir las multinacionales occidentales al tiempo que se conquistan el petróleo y los recursos naturales de Venezuela.

¿Cómo explica la guerra económica protagonizada por Estados Unidos contra Venezuela y su gobierno democráticamente elegido? Y, ¿por qué Venezuela sigue siendo un objetivo permanente de los Estados Unidos a través de ataques, sanciones, etc, independientemente de quién sea el jefe de la Casa Blanca, ya sea un Republicano o un Demócrata?

El objetivo de Estados Unidos es alcanzar el colapso total de la economía venezolana para provocar una rotura social que permita el “cambio de régimen”, ya sea a través de un golpe de Estado o una invasión militar. El contrato de Guaidó muestra que existen dos aspectos. El primero es controlar el petróleo. El segundo, que no debería ser subestimado, es la necesidad de destruir la Revolución Bolivariana como un hecho político constituido por la entrada en escena de la gente hasta ahora excluida. Esta posibilidad “contagiosa” para otros países debe ser cortada de raíz. Es significativo que la prensa esté convirtiendo Venezuela en una dictadura cuando es un país – cualquiera que lo visite rápidamente se da cuenta – donde el pueblo es muy activo, muy politizado, criticando al gobierno mientras se le vota, porque el pueblo se politizó más allá del paternalismo, del clientelismo de los años pre-Chávez.

Se dice que hay una extrema derecha muy activa en la oposición venezolana. ¿No es esta oligarquía de extrema derecha un verdadero caballo de Troya del imperialismo estadounidense?

Es mayoritariamente el peor caballo. Esta oligarquía no puede reprimirse. Su violencia colonial, su racismo, su clasismo, su alienación “occidental”, la hacen incapaz de encontrar una política popular. En América Latina el retorno de la derecha necesita lawfare, violencia policial, golpes de Estado, el retorno de los militares… Pensemos el “sistema Guaidó”: estamos en presencia de un gansterismo dominado por la prensa. Un joven activista de extrema derecha entrenado por la CIA, que nunca se presentó a presidente, se autoproclama Jefe de Estado el 23 de enero de 2019 en un barrio rico de Caracas. Hasta el momento poco conocido por los venezolanos, él es ahora aupado por Donald Trump y los mayores grupos mediáticos. El presidente falso recibió inmediatamente el apoyo de una “comunidad internacional” fantaseada por la prensa ya que 162 de 197 miembros estados de la ONU no lo reconocieron. El holograma del Obama tropical viaja, visita presidentes y parlamentos occidentales, firma contratos, se apropia empresas, roba activos, vacía las cuentas bancarias de Venezuela, recibe más y más financiación de oenegés de la CIA, pide más y más sanciones a Europa y Estados Unidos para reforzar la crisis económica y el malestar social y así derrocar el legítimo gobierno el cuál surgió del voto popular.

Incluso Donald Trump parece que empieza a cansarse de su criatura, sin base social, incapaz de derrocar el “régimen” (como en su fracasado intento de golpe en Caracas en abril de 2019 con un punyado de soldados de extrema derecha), la prensa colombiana, panameña, y estadounidense levantan el velo y publican fotos de los contactos de Guaidó con asesinos paramilitares colombianos (“Los Rastrojos”, una banda especializada en tráfico de drogas, contrabando, secuestros y extorsión) y su densa red de corrupción, denunciada también por algunos de sus aliados de extrema derecha, irritados por haber recibido solo algunas migajas del pastel. Según Bloomberg.com, un sector de la oposición resultante del golpe de Estado de 2002 contra Hugo Chávez (de tendencia Radonsky) envió, incluso, tres emisarios a Washington en mayo para exigir el fin de la Operación Guaidó y continuar con la siguiente fase de la desestabilización.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recientemente ha pedido permiso a Venezuela para estudiar su estrategia para erradicar la pandemia y replicar el modelo venezolano en otros países. ¿Cómo explica que Venezuela, estando bajo sanciones, haya tenido éxito mientras que países como Estados Unidos, Reino Unido, Francia, España, Italia, etc, los cuáles presumen de tener los mejores sistemas sanitarios del mundo y recursos abundantes, hayan fracasado contra el Covid19?

Venezuela tomó medidas de contención muy pronto como el uso de mascarillas y testeo masivo, con la ayuda de Cuba, China, Rusia y la ONU/OMS, porque la política del gobierno de Maduro tiene la protección de la vida y ser humano en el centro mientras que los regímenes neoliberales que lo atacan ponen primero la economía y dejan que la pandemia se expanda. Como resultado, en Venezuela ha habido solo 11 muertes desde el inicio de la pandemia. Esto son datos confirmados por la OMS y sin comparación posible con sus vecinos. Otra vez, la ingente desinformación que quiere hacer ver la democracia participativa venezolana como una dictadura no se sostiene. ¿A qué se debe esta política voluntarista de salvar vidas - que van tan lejos como repatriar gratuitamente, decenas de miles de venezolanos a menudo infectados de Covid en Colombia, Chile, o Brasil – si el objetivo es, como la prensa sugiere, reprimir la población?

Se debe entender que la prensa ha transformado los levantamientos de extrema derecha en “revueltas populares” y la reacción de las fuerzas de seguridad en “represión de la dictadura”. Las agencias de noticias, que se han convertido en la única fuente para la mayoría de periodistas hoy en día, han ido tan lejos como convertir a los terroristas en “héroes de la lucha por la democracia”, mientras que al mismo tiempo se invisibiliza la mayoría social, popular, pacífica, que rechaza la violencia a favor de las urnas. Muchos movimientos de izquierda y activistas han caído en esta trampa propagandística. Fue el momento en que apareció el eslogan “Ni Trump ni Maduro”. Bajo la presión del campo mediático, que se ha homogeneizado, la mayoría de periodistas y politólogos occidentales sustituyen causas por efectos, culpan al Presidente Maduro de una “crisis” o de establecer un “cincuenta-cincuenta”, que es más ideológico que empírico, entre la guerra económica y los problemas internos de la mala gestión o la falta de inversiones por parte del gobierno Bolivariano.

Usted ha creado una escuela de comunicación internacional para movimientos sociales, apoyada en particular por el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra de Brasil. ¿No debería también la lucha anticapitalista y antiimperialista tener lugar a nivel informativo? ¿No cree que esta experiencia debería extenderse por todo el mundo? Y, en su opinión, ¿cómo podemos luchar eficazmente contra la prensa dominante y qué papel puede jugar la prensa alternativa ante el gran capital y el imperialismo? ¿No necesitamos los pueblos oprimidos una prensa de verdad que refleje nuestros sufrimientos y luchas en vez de una prensa que sirva los intereses de los grandes capitalistas?

Exacto. Este es, creo, el trabajo estratégico, urgente, de la Izquierda en todas partes. Pero si la gran prensa borra la historia de los pueblos y se opone a sus ciudadanos para desmovilizarlos, ¿tendremos suficiente con democratizar su propiedad? Recuperar todos esos espacios solo tendrá sentido si estamos preparados., en todas partes, en una nueva manera participativa de informar. En Caracas, en la intersección de las Américas y el Caribe, la Escuela Internacional de Comunicación Hugo Chávez, es un viejo sueño de los movimientos sociales. Su fuerza reside en los 25 años de experiencia de sus fundadores y sus infraestructuras confeccionadas para la producción y transmisión de televisión. Será un paso importante para devolver el campo mediático a los ciudadanos y llegará a otros continentes, África en particular. Puedes apoyar la escuela aquí: Escuela Internacional de Comunicación Hugo Chávez: Déjennos estar a cargo de nuestro futuro.

Lo comercial, lo privado, no tienen nada que hacer con el derecho a estar informado y a informar a los ciudadanos, ellos evidentemente lo previenen. Todo esto estaba muy claro en los ’60 y ’80 (notablemente debido a las luchas de liberación, el informe MC Bride comisionado por la UNESCO sobre “el nuevo orden mundial de la información”, el análisis de Mattelart sobre la prensa durante el golpe en Chile en 1973, sin olvidar todo el trabajo conceptual de Walter Benjamin, la Escuela de Frankfurt, Bourdieu, Chomksy, etc). Parece, hoy, que la Izquierda ha olvidado todo eso y se ha pasado a la comunicación. El marketing produce un cierto tipo de política; excesiva personalización, dominación del corto plazo, pérdida de escucha y reducción del trabajo de campo, entrenamiento interno, o reducción de programas a lo “social”. Como Louis Althusser dijo “es solo desde una técnica que uno puede deducir una ideología”. ¿Cuántos golpes mediáticos más vamos a esperar para esbozar una ley global que democratice la propiedad de los medios, que reconstruya un servicio público participativo que no sea solo la copia del privado, que dé el resto de las ondas, concesiones, frecuencias y recursos a los medios populares, que repiense el potencial digital más allá de las redes estadounidenses narcisistas, efímeras, tribales, y que libere las escuelas de periodismo de las fuerzas del mercado?

Muchos intelectuales y personalidades como Noam Chomsky, Roger Waters, etc, firmaron una carta abierta al Presidente de los Estados Unidos y al Secretario General de las Naciones Unidas exigiendo el levantamiento de las sanciones económicas contra países como Venezuela, Cuba, Irán, Siria, y Zimbabue. ¿Cuál es el impacto de este tipo de acción en la situación venezolana? ¿Cree que este tipo de acción es útil para apoyar la lucha y la justa causa del pueblo venezolano?

Veo estas acciones como actos pedagógicos necesarios en los países que las generan, para recordar a los ciudadanos como funciona el mundo, para reconectar los efectos a las causas. Porque la gestión de los medios y refugiarse en el consumo, especialmente en Estados Unidos y Europa, han creado un gran vacío: un “Fin de la Historia” que va desde el libre mercado al ego libertario. En este retorno de la Historia, las grandes naciones vuelven a tomar sus posiciones, miles de anyos de creación cultural e histórica se encuentran con países rebeldes como Venezuela y empiezan a darse cuenta del mundo multipolar actúa, construido sobre la soberanía y la cooperación. Incluso la solución para el pueblo palestino depende de este nuevo mundo. Europa habrá demostrado, hasta la náusea, su total imposibilidad de hacer algo por el pueblo palestino desde que fuera expulsado de su tierra.

¿Podemos considerar “democracias” los poderes occidentales liderados por los Estados Unidos cuando esos países quieren derrocar un presidente elegido por su pueblo?

La entrada de los europeos en Disneyland desde la invasión de Irak se confirmó el 20 de mayo en el Consejo de Seguridad de la ONU. En un momento en que Venezuela estaba demostrando, con evidencia, que el Reino Unido había robado treinta-y-una toneladas de oro venezolano y había firmado un acuerdo secreto con el equipo de Guaidó para derrocar el “régimen” y, entonces, poder “reconstruir e invertir” libremente en ese país, los europeos se han vuelto a aislar con Estados Unidos a pesar del amplio apoyo mostrado a Venezuela por países como Rusia, Suráfrica, Indonesia, China, y Vietnam, y han preferido repetir el discurso surrealista de Mike Pompeo: “fue el gobierno de Maduro quién orquestó la agresión paramilitar”. Esto los llevó a la cruel cuestión del representante ruso: “Vosotros que reconocisteis un presidente marioneta, ¿qué pensáis hoy?”

El gobierno de Nicolás Maduro es un gobierno de izquierdas legítimamente elegido (Jimmy Carter, el Consejo de Juristas Latinoamericanos, José Luís Rodríguez Zapatero, Lula, o Rafael Correa, entre otros muchos observadores internacionales y mediadores entre el gobierno y sectores de la oposición no-golpista, insistieron en la transparencia, legitimidad, y el número récord de elecciones). Hay una mayoría de medios privados en Venezuela, y la economía privada es también una mayoría. Hay 40 partidos y, lo más interesante para el futuro, un complejo proceso de democracia participativa.

Algunos activistas en Europa tienen motivos para estar irritados: ¿Por qué la timidez de la Izquierda ante la agresión permanente contra la democracia venezolana? Se sacrifica Venezuela porque la cantidad de propaganda ha generado la cualidad: Maduro es un dictador que provoca hambre en su pueblo. Cuando por demasiado tiempo la prensa dominante ha martilleado esta imagen, la Izquierda agacha su cabeza forzada por las elecciones, carreras personales o la imagen pública. Tal vez, es posible medir si un partido encarna un esfuerzo real en su habilidad de mostrar valentía en relación con un tema tan distante y “reemplazable” como Venezuela. Si una Izquierda verdadera obtuviera el poder en Europa, se daría cuenta rápidamente del doble error de haber abandonado la transformación del campo mediático: el primer error de aislarse uno mismo del mundo, de las llaves del mundo y lo potenciales aliados que podrían fortalecerlo. Pero también porque si obtuviera el poder, se desfiguraría, sería saboteada y atacada muy rápidamente desde todos los flancos por el poder de los mass media. La política de izquierdas necesita una prensa popular, pública, participativa que, como Jean-Paul Sartre dijo, “permita al pueblo debatir con el pueblo”, que construya una imaginación y una práctica que permita sedimentar y perpetuar un mundo progresista más allá de los meros titulares electorales, una “democracia” en el sentido original del término. Basta considerar el hecho que la información es un alimento vital para el pueblo. Todo lo que estamos redescubriendo acerca de la soberanía alimentaria en un tiempo de posible hambruna se puede aplicar a una bien entendida “soberanía comunicacional”.

¿Cómo explica que en un país como Estados Unidos, la policía mate gente por la sencilla razón que el color de su piel es negro? ¿Es Estados Unidos, que continuamente interfiere en la soberanía de otros países, un país racista? ¿Cuál es su lectura de los eventos relacionados con el asesinato de George Floyd a manos de la policía de Minneapolis y las consecuencias que este hecho ha tenido a lo largo y ancho de Estados Unidos?

Los politólogos de izquierdas europeos encuentran difícil entender que la contradicción colonial está en el corazón de nuestro presente. Ellos piensan que es un error conceptual, algo anacrónico, que la alegría de la posmodernidad – la que lleva los Macs a sus casas – ha ido más allá de todo eso y que Trump o Bolsonaro son accidentes racistas de la Historia, o del “mundo libre”. Es justamente lo contrario. Bajo el barniz publicitario de la globalización capitalista, la Historia profunda de nuestro mundo no ha desaparecido nunca, ha vuelto a la superficie, más fuerte incluso. La revuelta que está teniendo lugar en Estados Unidos es la misma que encuentra la resistencia del pueblo venezolano. La verdadera república, igualitaria hasta el fin, fue masacrada en Francia, pero el primer país en asumirla fue Haití, quién a través de financiar, armar y reforzar el plan de Simón Bolívar lo salvó de la extinción. Tan pronto como Simón Bolívar incluyó en su “programa” la liberación de los esclavos empezó a obtener victorias una tras otra. Nuestra Madre África, como Chávez solía decir, y Haití son razones suficientes para nuestra voluntad de ser libres, respetados, tratados como iguales, capaces de dar al mundo todo lo que tenemos que ofrecer. Y es por eso que el Presidente Trump usó, hace exactamente tres semanas, la misma frase sobre Venezuela que había usado sobre el pueblo estadounidense en Minneapolis: “Nuestros soldados están preparados. Podemos enviar las tropas al terreno muy rápidamente”. Este supremacismo blanco es lo que la extrema derecha venezolana quiere importar a Venezuela, volver al apartheid de antes de Chávez, a quién ellos odiaron tanto por sus políticas como por ser un “mono”.

Si alguien debe rendir cuentas, ese es el periodista occidental que describió las revueltas de los venezolanos blancos ricos y su rabia de Afrikaners como una revuelta popular contra una dictadura. Ellos representan una minoría insurgente contra la inclusión de los mestizos y la redistribución de la riqueza como “¡el pueblo de Venezuela!” mientras que la mayoría social en Venezuela es mestiza, la que los corresponsales afincados en los barrios ricos de Caracas no han querido mostrar nunca. En Venezuela, la mayoría social, popular, es pacífica. Ha rechazado siempre la violencia a favor de las urnas y, a pesar de sus muchas críticas, ha apoyado mayoritariamente la opción electoral del gobierno Bolivariano. Muchos movimientos de izquierdas y activistas han caído en la trampa de esta propaganda y se han identificado ellos mismos con la idea de una revuelta popular. Todos tenemos en mente las imágenes de la “represión policial” en Venezuela y muy poca gente sabe que el orden de la edición fue revertido. Cuando la Derecha planeaba el asalto, las cámaras de todo el mundo estaban ya en el lugar. La violencia callejera y la respuesta de las fuerzas de seguridad, escenificadas al revés, crearon la imagen de un “régimen” reprimiendo manifestantes. Lo que es más serio es que la prensa automáticamente ha culpado al régimen, día tras día, por las muertes causadas por la extrema derecha, que ha promovido la furia de los asesinos. Ellos sabían perfectamente bien que cada muerte atribuida a Maduro reforzaría el argumento para la intervención. Pero quién, desde Mediapart a Le Soir, desde France Inter a Le Monde, ¿quién, en la vasta zona gris (Primo Levi) de los medios de comunicación privados, admitirá que él motivó asesinos racistas que no han dudado en quemar vivos “negros y, por lo tanto, chavistas”? Una minoría cuyo epicentro se está trasladando a Miami, París, pero sobre todo el distrito de Salamanca en Madrid (apodado Pequeño Caracas y donde han adquirido siete mil apartamentos de lujo, según el New York Times) y desde donde están lanzando ahora, en el mismo espíritu colonialista que en Caracas, furiosas manifestaciones contra el gobierno “comunista” (sic) de Sánchez y Podemos que quiere hacer de España, según ellos, “otra Venezuela” (sic, otra vez).

Hoy, en la guerra más difícil entre aquellos que existen y aquellos que no existen, nosotros en Venezuela gustamos de citar la expresión “Rondón no ha peleado todavía”. En mitad de una batalla casi perdida contra el Imperio Español, Simón Bolívar apeló al Coronel Juan José Rondón, pidiéndole “salvar la Patria” y el “negro” Rondón le dijo “Rondón aún no ha peleado”, volvió a la batalla a favor de las tropas de la naciente República Bolivariana y salvó la posibilidad de nuestra independencia.

Entrevista realizada por Mohsen Abdelmoumen

 

¿Quién es Thierry Deronne?

Cineasta belga, graduado (IHECS Bruselas), Thierry Deronne vive en Venezuela desde 1994. Vivió primero en Nicaragua durante dos anyos para contribuir como editor de vídeo al movimiento de transformación liderado por el gobierno Sandinista y, entonces, se trasladó a Venezuela donde, después del triunfo electoral de Hugo Chávez, fundó una escuela popular audiovisual, así como dos televisiones populares. Desde 2004, ha participado en la gestión y la formación del personal de la televisión pública participativa Vive TV creada a petición del Presidente Chávez. Él se encuentra en el corazón del proyecto para construir la escuela internacional de comunicación para movimientos sociales Hugo Chávez, espacio para la articulación de movimientos sociales de todo el mundo y reuniones con organizaciones populares locales. Puedes apoyar la escuela haciendo una aportación aquí.

Ha dirigido diversos documentales incluyendo El Paseo de los Andes (2005) y Hasta que nos entierren en el mar (2017), disponibles enteros aquí.

Thierry Deronne creó el blog Venezuela Infos en el cuál informa al público sobre la realidad en Venezuela.

Publicada en American Herald Tribune el 1 de junio de 2002. https://ahtribune.com/interview/4198-thierry-deronne.html

 

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